Un Proyecto de Vicente (Tex) Hernandez

¿Podemos Cambiar?

¿Por qué debería cambiar? A menudo nos resistimos al cambio por miedo a afrontar la realidad. Para evitarlo, recurrimos a afirmaciones como "Soy feliz como soy" o "No me importa el cambio". Seamos honestos con nosotros mismos: una actitud estancada solo lleva en una dirección: al sumidero. La expresión "Si no creces, te mueres" se atribuye al orador motivacional Tony Robbins; no necesitamos un coeficiente intelectual alto para entender que tenía razón.

CARACTERVALORES HUMANOS

TH

2/26/20264 min leer

Quienes dicen "Soy feliz como soy" deberían reconsiderarlo. La felicidad no se encuentra en la pasividad, sino en los desafios y los logros honestos. La felicidad requiere una actitud positiva y activa, superando defectos y limitaciones. La felicidad nunca es gratuita; conlleva responsabilidades.

Debemos cambiar no solo por ser mas felices, sino también porque necesitamos mantener un empleo, ser fieles a un compromiso, encontrar consuelo en la amistad, mejorar nuestras habilidades de comunicación y convertir el ambiente familiar en el paraíso que siempre hemos soñado.

Para empezar, la resistencia al cambio se alimenta del egoísmo y el orgullo. El egoísmo y el egocentrismo son simplemente manifestaciones de amor propio. Nos cuesta entender que el amor propio no lleva a ninguna parte. El amor solo tiene sentido fuera de uno mismo, proyectado hacia los demás.

Para encontrarle sentido al amor, debemos encontrar al "otro", el recipiente de ese amor. No hay satisfacción en el amor propio porque somos solo uno, no dos. Persistir en el amor propio solo conduce a una especie de esquizofrenia: el deseo incesante de satisfacer nuestros caprichos, seguido de la frustración de no alcanzarlos.

Para romper el ciclo del egoísmo, necesitamos derrotar nuestro orgullo. Las actitudes orgullosas son la causa de muchas de las dificultades que experimentamos en la vida. Los errores evidentes, nuestras excusas, los defectos de carácter y toda la gama de nuestras deficiencias son difíciles de reconocer sin humildad, sin un deseo de mejorar. El camino de la derrota está marcado por el orgullo y el estancamiento.

A menudo las opiniones que los demás tienen de nosotros nos inquietan de tal manera que nos llevan a perder la serenidad e incluso el sueño. Nos afecta mucho que otros no aprecien nuestra inteligencia y nuestras buenas intenciones. Para contrarestar nuestro orgullo, aprendamos de los que nos precedieron. Hay miles de millones de personas que han pasado por este mundo de las que no sabemos nada. Solo sabemos de los que de alguna manera contribuyeron con su trabajo; sus excentricidades, si las llegamos a conocer, tienen solamente un sentido anecdotico. ¿Que importacia tiene las opiniones de los críticos de epocas pasada? Ninguna. Nuestros predecesores y sus críticos son historia, y sus problemas irrelevantes. Entonces, ¿por qué nos debemos de preocuparnos por lo que otros piensen de nosotros? ¿Por qué defender una opinión equivocada por orgullo cuando, tarde o temprano, ya no importará?

La forma de superar el orgullo es reconocer nuestros errores y aprender a rectificar. La forma de superar el orgullo es un deseo sincero de cambiar. Esa mejor versión de uno mismo se logra a través de un esfuerzo personal. El deseo de cambiar allana el camino para lo que está por venir, actuando como la base. Este deseo es la medida de nuestro verdadero yo, lo que nos lleva a considerar una pregunta muy importante: "¿Qué debo hacer para cambiar?".

Todos conocemos las reglas que rigen los partidos de baloncesto. El baloncesto nació en 1891 en Springfield, Massachusetts, Estados Unidos, inventado por James Naismith, un instructor canadiense de educación física. James queria mantener a sus alumnos activos durante los meses mas fríos del invierno a traves del baloncesto. El primer partido oficial se jugó el 21 de diciembre de 1891 en la Escuela Internacional de la YMCA en Springfield. Desde entonces, las reglas han evolucionado mucho.

Una de las innovaciones más significativas, la "línea de tres puntos" o "tiro de tres puntos", fue adoptada formalmente por la Asociación Americana de Baloncesto (ABA) en 1967. Esta regla ha revolucionado la estrategia del baloncesto.

La estrategia de tres puntos podría servirnos de modelo para planificar el cambio si, como los jugadores de baloncesto, aprendemos a usarla eficazmente. Al principio, puede parecer extraña o incluso divertida. Sin embargo, es simplemente una forma de centrarse en objetivos concretos. La estrategia de tres puntos se centra en un destinatario o meta, seguido de tres objetivos prácticos de mejora. Para que la estrategia hable por sí sola, véase el siguiente esquema, organizado por las áreas de preocupación más comunes, que ilustra una metodología sencilla que cualquiera puede utilizar para planificar el progreso.

  • Mejorar la relación con mi pareja: (1) salir en citas, (2) ofrecer ayuda voluntaria, (3) mostrar afecto mediante el contacto físico (por ejemplo, tomarse de la mano).

  • Acercarme a mis hijos: (1) evitar corregirlos demasiado, (2) prestarles más atención y (3) mostrar afecto de forma física (es decir, besarlos o abrazarlos al llegar a casa).

  • Tratar con mis suegros: (1) evitar peleas, (2) llegar a un acuerdo y (3) usar sus recursos.

  • En el trabajo: (1) intentar sonreír, (2) cuidar el orden personal (es decir, dejar todo como estaba antes de entrar), (3) ser siempre proactivo.

  • Acercarme a mis amigos: (1) mantener el contacto, (2) prestar atención a sus estados de ánimo y (3) ofrecer ayuda cuando sea posible.

  • Tratar con los vecinos no tan amigables: (2) procurar saludarlos al cruzarse con ellos, (3) ser servicial y (3) mostrar interés por sus preocupaciones.

Podríamos seguir ampliando nuestra lista para incluir diversos grupos, como propietarios de viviendas, asociaciones profesionales, exalumnos, empleados, la junta directiva de la empresa, vendedores o proveedores. Además, podríamos explorar estrategias personales e incluso centrarnos en personas específicas con las que queremos mejorar nuestras relaciones.

Obviamente, las posibilidades de éxito con este método dependen del autoconocimiento, que incluye una comprensión más clara de nuestras limitaciones. Como es difícil hacer una autoevaluación sincera, podríamos considerar la posibilidad de solicitar la ayuda de quienes podrían echar una mano. ¿Te atreverías a preguntar a los demás qué piensan de ti? ¿Te atreverías a preguntarle a tu pareja, a tu novio o novia, a tu mejor amigo o amiga, a tu familia inmediata o a un consejero espiritual? Si estuvieras casado, seguro que tu cónyuge se apresuraría a ofrecerte ayuda. ¿Aceptarías todo lo que te diga?

Aunque sea difícil, no desperdicies los consejos que pides. Piensa en positivo, tómate un tiempo para reflexionar sobre lo que estás aprendiendo sobre ti mismo y ponte a trabajar en ello utilizando el Modelo de Estrategia de Tres Puntos.